martes, 23 de agosto de 2016
CAPITULO 13: (CUARTA HISTORIA)
Matias y Tamara les habían llevado comida, una colchoneta, almohadas y un par de mantas ligeras. Después de que Pedro les asegurara que pasarían una noche perfectamente cómoda en el remolque, se marcharon por fin.
Cuando volvió al remolque, vio que Paula había estirado ya la colchoneta en el suelo. Todas las ventanillas estaban rotas.
Habían tenido que taparlas con tablas para mantener la temperatura del aire acondicionado.
—Hogar, dulce hogar —sonrió ella, de rodillas en el suelo mientras terminaba de inflar la colchoneta.
Aunque intentó adoptar un tono ligero y desenfadado, Pedro detectó la pregunta que latía detrás de aquella frase. Cuando vio que desviaba la mirada hacia los cojines, las sábanas y las mantas que estaban sobre el escritorio, comprendió que estaba preocupada por los preparativos para dormir. Lógico: Matias solamente había traído una colchoneta.
—Paula, no tienes por qué quedarte aquí —cerró la puerta a su espalda, pero no se movió de donde estaba. No veía razón alguna para ponerla más nerviosa—. Puedo llamar a Matias para decirle que vuelva para recogerte y llevarte a casa.
Sacudiendo la cabeza, Paula se levantó.
—No seas absurdo. Ya te dije antes que no pensaba irme a ninguna parte.
—Estás nerviosa.
—Sí.
Sonrió al escuchar su rápida, honesta respuesta.
—Pues no lo estés. Yo tampoco te mentí cuando te dije que no pasaría nada entre nosotros mientras tú no estuvieras dispuesta. Yo jamás te presionaría, Paula.
—No eres tú quien me preocupa, Pedro —cruzó los brazos—. En realidad tengo miedo de mí misma.
—¿Perdón?
—Últimamente es como si no me reconociera a mí misma —le confesó, mirando sus chanclas plateadas, con las piernas extendidas—. Tú me haces desear cosas que jamás antes había deseado. Me haces pensar en otras cosas que no tienen que ver con el trabajo o la familia. Hasta ahora, jamás había pensado en… La verdad es que no sé cómo actuar, qué hacer al respecto…
Acercándose, Pedro se encogió de hombros.
—Casi no puedo creer que yo mismo esté diciendo esto, pero… tómate las cosas con tranquilidad. No quiero que te arrepientas de estar conmigo. Y dado que vamos a pasar la noche aquí, y que mi primera opción de actividad está descartada… trabajaremos con la lista de tareas de mi hermana.
—Contigo, nunca sé lo que harás o dirás a continuación —murmuró ella mientras se lo quedaba mirando fijamente—. No eres para nada quien yo creía que eras.
«Pues ya somos dos», pensó Pedro.
—Voy a buscar la lista —le dijo mientras retrocedía de nuevo, necesitado de ganar alguna distancia.
Salió al exterior y se dirigió hacia la motocicleta, en una de cuyas faltriqueras guardaba la lista. Mientras caminaba, no pudo evitar pensar en todo lo que quedaba por hacer para terminar la obra. Normalmente, cuando empezaba un proyecto, se daba prisa en ejecutarlo. Esa vez no, sin embargo. Porque cuando aquel centro turístico estuviera terminado, Paula se trasladaría a otra ciudad, a otra obra.
¿Con otro hombre?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario